Síndrome de Peter Pan

El silencio era como el viento que empuja un navío por el mar. Cuando todos los sonidos desaparecían todo se movía con vida propia, los colores, las formas ...

Mil colores brotaban de todas partes, bailaban al son del movimiento de las hojas de los árboles de afuera.

Esos colores me rodeaban y giraban a mi alrededor como un calidoscopio. Aunque los quisiera tocar, revoloteaban y esquivaban mis movimientos.

El color verde era el más lento de todos, y con una mano lo logré capturar. Se revolvía entre mis dedos furiosamente. Su color era intenso y muy bonito, me hacia cosquillas en las yemas de los dedos, cada vez que se quería zafar. Firmemente lo sostenía, hasta que cada vez me costaba más retenerlo; incluso tuve que utilizar las dos manos. No pude más y lo solté de golpe.

El color verde salió disparado y del impulso fue a rebotar a la pared, manchándola, y siguió de un lado al otro pintando las paredes de color verde.

Mi risa brotó de repente y todos los colores, incluso el verde, se fueron parando hasta detenerse del todo. Paré de reír al instante, volvió el silencio otra vez.

De pronto se oye un timbre, y todos los colores huyen despavoridos por donde salieron, volviendo todo rápidamente a la normalidad.

Se abre la puerta de la tienda y entra un cliente.

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